Un espacio para acompañar


El conocimiento es más que la simple acumulación de datos, experiencias y vivencias que se almacenan en el cerebro, esto es apenas el primer paso de un verdadera comprensión, pues toda esta información que una persona acumula, tiene un claro fin, que es utilizar esta misma información para desarrollar habilidades, o herramientas que a partir de una buena apropiación del saber favorecen el cambio y desarrollo personal, que a su vez, propician un cambio en el entorno.

El conocimiento inicia de manera personal, según predican la mayoría de las teorías del aprendizaje, sin embargo, en lo personal considero que en cuanto se logran asimilar contenidos y experiencias vividas, es cuando este conocimiento se vuelve social, y ya no es una acumulación de contenidos sin sentido, sino, que busca lograr un desarrollo en todos aquellos que se encuentren  alrededor del sujeto que asimila y genera nuevo conocimiento, lo anterior no solo afecta a quienes están a su alrededor, sino que es afectada por todos aquellos que se relacionan en su entorno de manera positiva generando por su parte el propio conocimiento. Es este el sustento  de acompañar a los docentes que se acercan nuestro espacio solicitando ayuda para relacionarse de una manera más significativa con la apropiación y aplicación de la tecnología que se exploran de manera conjunta.

La exploración debería de tener un punto de partida relacionado necesariamente con los propios cuestionamientos, las dudas no resueltas, las preguntas que invitan al aprendizaje.

Partiendo de estas preguntas detonantes, durante el escrito me cuestioné, ¿Es bueno acompañar por el simple hecho de estar o es mejor esperar que el acompañado quede en soledad para requerir la socialización de las ideas? Para poder responder necesariamente me referí una vez más a mis prototipos de acompañamiento “Iñigo de Loyola”, durante sus espacios de acompañamiento identificaba como punto de partida a un sujeto con inquietudes y preguntas, estas últimas serían quienes tendieran el andamiaje para el mejor conocimiento de uno mismo. Así pues, acompañar deberá ser un acto de paciencia y espera de los medios “las preguntas” que nos lleven al aprendizaje, acompañar requiere que el sujeto conozca, se pregunte y entonces acerque sus saberes al otro.

Considerando lo anterior, nuestro aporte si se pretende sea con bases de acompañamiento, no debe ser un espacio que simplemente crea una herramienta y dicta las vías y el modo en que se han de utilizar. Nuestro espacio es distinto, crea, propone y sugiere el manejo de  instrumentos que se identifican como útiles, pero más allá del instrumento se debe atender la experiencia y una vez indagada de manera conjunta se debe cuestionar y enriquecer con el otro, no con verdades aprendidas,  sino con aprendizajes dispuestos a ser modificados en el compartir, desde un lado de la persona, en procesos que no imponga, sino, que proponga y escuche las sugerencias que los mismos tienen que hacer respecto a las mejoras posibles y a las adecuaciones según las propias necesidades. El acompañante es pues un sujeto que deberá: “partir de su propia experiencia, de haber encontrado su propio aprendizaje, para seguir aprendiendo y aprender con el otro.” Cabarrús

Las emociones son el filtro de todo lo que conocemos, según afirma el filósofo alemán Emmanuel Kant, ello debido a que el conocimiento no es simplemente dato duro; y ante la asimilación de estos estímulos personales nuestro cerebro responde básicamente de dos maneras: con agrado o rechazo , y esto, en sus más variadas interpretaciones  se traduce en alegría, enojo, tristeza etc., por lo cual, si se busca que  la información que brindamos, sea recibida de forma placentera, ésta  debe de brindarse en un espacio que genere agrado, que exista una predisposición positiva, que sea un punto que anticipe una buena recepción del conocimiento, ¿Qué se debe entender por generar este espacio que promueva la buena recepción del conocimiento? esta es una tarea que como equipo de acompañantes se debe de resolver y se hace a través de las reuniones y diálogo constante sobre el cómo acercarse a los profesores y alumnos, así como el desarrollo de herramientas amigables que hagan desear conocer y adentrarse en su manejo de una manera integral, que este manejo promueva el ir echando mano a los instrumentos y adecuarlos a su labor docente.

Podría ser que la persona busque la solución inmediata y sin procesos de aprendizaje, que el proceso de acompañamiento se minimice al de tutor. Esto es más común de lo que nos podríamos imaginar, la tendencia es solución sin aprendizaje.

Una de las mayores dificultades a las que la adquisición del nuevo conocimiento -que es el aprendizaje- se enfrenta es a “desaprender” o lo que muchos psicólogos catalogan como ‘resignificar’,  dado que todos aquellos conocimientos que se consideran valiosos se acumulan y forman parte del repertorio personal de habilidades, es difícil que cualquier individuo acepte dejarlos ir y arriesgar por adquirir un nuevo significado sin garantías presentes, -tiene lógica-, si este conocimiento ha probado ser útil, se atesora con el fin de darle un uso adecuado dependiendo de la situación que así lo requiera y para resignificar hay que soltar estas garantías.

Sin embargo, en temas de las tecnologías resulta que el aprendizaje se vuelve obsoleto en muchos aspectos, es usual que por razones del constante desarrollo llega el momento en que no son útiles, incluso, se requiere resignificar lo aprendido para aprender un nuevo manejo de dichas tecnologías o simplemente hacer cambio a nuevos métodos y herramientas, es este el momento en que no hay recetas preestablecidas para mover a las personas a una nueva manera de manipular las tecnologías, cada persona debe enfrentar su propio proceso y adecuar los nuevos significados. Más importante aún, es acercarse a las personas de manera que estén dispuestas a reciclar el conocimiento para mantenerse actualizadas y aceptar el reto de la re significación.

Enredarse, en lo personal, es una re significación, es desmembrar el significado del concepto y entender que el conocimiento se construye y se fortalece en cuanto es una red a través de la cual fluyen ideas interconectadas que se van afectando unas a otras y en proceso de confrontación se fortalecen y depuran para convertirse en proyectos comunitarios que representan el común de un grupo determinado.

 

 

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